RECOMENDACIONES
UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA NACIONAL
Los centros decisores del sistema educativo deben arbitrar medidas tendientes a crear las condiciones adecuadas para la integración de las instituciones escolares – junto con el personal docente- a la aplicación eficaz de las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Se requiere una política que oriente y promueva el proceso de introducción y que contemplará la distribución de equipos, programas experimentales, etc. Y, por otra parte, se han de establecer los criterios que guiarán la integración de estas nuevas tecnologías en las actividades concretas de enseñanza-aprendizaje desde una perspectiva totalizadora. Ambas, política educativa respecto a los nuevos medios y su integración en el curriculum, no pueden entenderse, sin embargo, como procesos independientes.
La evolución de programas de formación respecto a las Nuevas Tecnologías depende, en gran medida de dos factores determinantes:

· La actitud del profesorado

Como ya se ha señalado, en este proceso, uno de los aspectos más importantes a desarrollar lo constituye el cambio de actitud de los profesores para que se de una necesaria innovación respecto a los medio didácticos empleados y respecto a la concepción general de la enseñanza. Ello exige, entre otros aspectos no menos importantes, un plan realista e integral de formación permanente respecto a las Nuevas Tecnologías. Esta formación permanente del personal docente viene constituida por la formación inicial y la formación continua. Ambas, requieren, planteamientos rigurosos si se quiere disponer de un adecuado sistema de enseñanza en la sociedad que ya se está configurando.
El desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y su incidencia en el mundo cultural, necesita, a la vez que provoca, una reacción que desde el campo de la educación proporcione un reajuste en las funciones que unos y otra han de cubrir en la sociedad.
Estas respuestas, necesarias para la coexistencia e interrelación de medios de comunicación y enseñanza y que han de proporcionar el clima de racionalidad necesario, están, en general, en manos de los docentes. Estos, se ha repetido hasta la saciedad, constituyen el factor principal de cualquier innovación en la educación, y la puesta en marcha de una adecuada formación permanente en el campo de estas tecnologías constituye un punto clave para la integración de los nuevos medios de comunicación en el sistema educativo.
A su vez, la institución escolar debe renovarse para poder continuar cumpliendo su función fundamental en la sociedad del mañana. Esta renovación, necesaria en muchos aspectos, ha de resultar, en gran medida, una adaptación de la institución escolar a la nueva situación cultural propiciada por las nuevas tecnologías de la información.
En todo caso, no puede separarse la integración de los nuevos medios de la adecuada sensibilización y formación del personal docente.
Para reciclar docentes en ejercicio, el método más eficaz es trabajar con ellos de manera continuada, resolviendo algunos de sus problemas concretos, de tal manera que se dejen de manifiesto el valor práctico de las aportaciones de la investigación y de la reflexión sistemática. Y, en lo posible la capacitación debería desarrollarse dentro de la propia institución, si la misma cuenta con las herramientas necesarias (como es el caso de la institución investigada), debido a que la falta de tiempo es uno de los mayores obstáculos que presentan los educadores de esta época.
No obstante, dos son las dificultades con las que tropieza este tipo de formación: las grandes inversiones en formación permanente que exigiría y la falta de personal preparado para llevarla a cabo.
No es necesario un conocimiento profundo de la realidad del sistema educativo para saber que todo está, aún, por hacer. A las deficiencias de carácter general que la formación permanente presenta, se añaden el desconocimiento que sobre el tema tienen los docentes, la falta de medios y de personal cualificado, la ausencia de directrices para llevar a cabo programas de formación continua en este terreno, y que, el educador de hoy en día, en general y en este país, no posee tiempo real para destinar a su capacitación.
Se señaló anteriormente que la actitud de los docentes ante la innovación constituye uno de los factores más importantes dela misma. En efecto, la colaboración del docente se hace decisiva para la renovación pedagógica que supone la integración de las nuevas tecnologías en el campo de la educación. Por ello, es necesaria una reflexión y una toma de conciencia de la trascendencia de la innovación técnica en la enseñanza. A su vez, se impone, también, una labor de formación y motivación del profesorado.

· La adaptación institucional a los nuevos medios.

La escuela se apoya, casi exclusivamente en el pizarrón, el cuaderno y el libro de texto o material impreso. Las Nuevas Tecnologías no se encuentran entre los recursos de uso común en la instrucción. Este fenómeno es explicable por múltiples factores, pero no justificable por ninguno de ellos (la introducción como un problema económico, capacitación específica en los docentes, replanteamiento metodológico y organizativo del quehacer escolar).
La educación no puede quedar al margen de la evolución de las nuevas tecnologías de la información, y la razón es doble: Por una parte los nuevos medios configuran una nueva sociedad a la que el sistema educativo tendrá que servir, y por otra, este sistema emplea siempre los medios utilizados en la comunicación social.
Para llevar a la práctica la renovación de las concepciones educativas hasta hacerlas más acordes con la sociedad en la que está inmerso el alumno y en la cual las nuevas tecnologías forman una parte importante de su entorno social, los objetivos educativos deben tender a adaptar al alumno a esta sociedad cambiante que le ha tocado vivir.
Para que el sistema educativo se amolde a los continuos cambios culturales, ha de modificar, en dos aspectos fundamentales, sus actuales posiciones: saber aprovechar los recursos didácticos que ofrecen y capacitar a los alumnos para la recepción y asimilación correcta de los mensajes que dichos medios transmiten.
Esta doble misión no sólo se ha desarrollar en el interior de las instituciones educativas. Hay que encontrar y hacer tarea educativa en, y con, cualquier medio que la cultura y la realidad próxima nos ofrezca. La escuela debe acercarse a la realidad y ésta debe entrar en la escuela con toda la riqueza cultural y la problemática que ello conlleva. Resulta difícil comprender, orientar, ayudar al alumno de nuestros días si lo consideramos totalmente aislado del ambiente cultural en que se mueve. La escuela no puede permanecer por más tiempo replegada sobre sí misma, sino que ha de tender a integrar a los alumnos en la cultura de su tiempo y de su ambiente para, al mismo tiempo, hacerlos capaces de enriquecer esa misma cultura.
Por otra parte esta acción respecto a los nuevos medios ha de servir también para que la educación tenga, a través de sus aportaciones, algún peso en la evolución de las nuevas tecnologías de la información. Esta aportación adquiere mayor peso en una sociedad donde la difusión de la cultura sufre profundas transformaciones y en la que se tiende cada vez más hacia formas de autoformación.
El sistema educativo se encuentra, actualmente, inmerso en un proceso de transformación del curriculum. Estas transformaciones persiguen una adaptación de las enseñanzas desarrolladas en la escuela a una sociedad en permanente mutación. Uno de los aspectos de dicha sociedad que mayor incidencia tienen para la educación, y se ha repetido hasta la saciedad, son las nuevas tecnologías de la información y el sistema comunicativo que configura. Por ello, estas tecnologías, los medios audiovisuales tradicionales, el vídeo, la informática, los sistemas de videocomunicación, etc. son referencias obligadas en las Reformas en marcha. Y lo son en un doble sentido: como valiosos recursos que han de mediatizar la comunicación didáctica, y como fenómenos sociales que han de ser estudiados
La necesidad de introducir los medios en la enseñanza, pese a las reticencias de reducidos sectores, parece una idea generalizada. La discusión, sin embargo, no debe focalizarse en la introducción o no-introducción de los medios en el proceso educativo, sino en cual va a ser la función que en dicho proceso van a cumplir.
El eje de la discusión debe basarse en que para integrar las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación como recurso didáctico y darle un sitio en la escuela, es necesario que los docentes se apropien de ellas, las conozcan, las comprendan, que tengan la capacidad de analizarlas con un sentido crítico y, finalmente que las pongan bajo su control, para que puedan preocuparse por la planificación y su impacto pedagógico. Este aspecto es significativo a la hora de desarrollar y evaluar planes de acción que superen el actual “estado del arte”.

Una reflexión final

Para la presentación del presente trabajo, se utilizó el procesador de texto Open Office. Dicha herramienta no fue escogida de un modo aleatorio. Por el contrario; la elección obedece a un íntimo convencimiento asociado con el uso y promoción de aplicaciones informáticas basadas en el paradigma de Software Libre (Open Source).

Dicho concepto; cuyo origen se remonta hacia fines de la década del ´60, establece un esquema de carácter igualitario, ya que posibilita la libre utilización de herramientas de programación lo suficientemente eficientes como para brindar soluciones eficientes sin otra obligación que la de citar al producto o su creador. De este modo fue diseñado el sistema operativo Linux y su creador, el finlandés Linus Torvalds, junto a una comunidad mundial de profesionales informáticos, hicieron posible que una infinidad de usuarios distribuidos en todo el mundo pudieran utilizar y mejorar herramientas de aplicación masivas.

Si se considera el enorme potencial que dicha modalidad conlleva en relación a la educación pública, es posible comprender que más allá de la excelencia de la herramienta en consideración, su uso y mención implica un reconocimiento expreso a todos aquellos que enrolados en esta filosofía hacen posible la libre disponibilidad de recursos informáticos seguros, estables, eficientes y una real igualdad de oportunidades.