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Dos
tipos de argumentaciones dominan los debates actuales, acerca
de las formas convencionales en que las personas se refieren a
la tecnología. Una consiste en considerar las tecnologías
como meras herramientas, objetos utilizados para alcanzar determinados
fines. Esta concepción instrumental externaliza las tecnologías,
debido a que las ve como objetos fijos con una finalidad determinada
y un uso concreto.
Este enfoque plantea problemáticas diferentes. Las herramientas
no sólo posibilitan el alcance de ciertos objetivos existentes,
sino que también pueden crear nuevos propósitos,
que no hubieran sido considerados antes de que las mismas los
tornasen posibles. Los instrumentos transforman al usuario de
manera concreta influyendo, varias veces, sobre la cultura y los
valores. Pueden tener ciertos usos e intenciones establecidos,
pero en general adquieren otros predecibles y generan nuevos efectos
imprevistos. Esto implica que la aplicación de tecnologías,
no sólo cambia al medio, sino también al sujeto.
La relación de las personas con la tecnología no
es instrumental y unilateral, sino que es relacional y bilateral.
El medio social es modificado de manera específica, cultural
y psicológicamente, por las tecnologías utilizadas.
El otro aspecto en que resulta importante una concepción
relacional de la tecnología deriva de reconocer que las
elecciones en materia de uso de la misma, siempre están
relacionadas con un conjunto de otras prácticas y procesos
sociales cambiantes. Los cambios incorporados en la tecnología
siempre van acompañados de muchos otros cambios en los
procesos sociales y pautas de actividad. Hasta tal punto, que
tal vez sean estos últimos, y no las tecnologías
mismas, los que ejercen el mayor impacto global en el cambio social.
Es decir, que la tecnología no es sólo el instrumento,
sino el instrumento y las pautas de uso con que se lo aplica,
así como los problemas y expectativas cambiantes que genera.
Por esta razón, tal vez el papel de las tecnologías
en la reforma educativa sea muy pequeño, y es probable
que no mejoren la situación, si a la vez no cambian otras
prácticas y relaciones educacionales.
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