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Hay
circunstancias de la vida social que influyen en el tiempo y la
oportunidad para trabajar y utilizar las nuevas tecnologías.
Estos aspectos pragmáticos del acceso generan preocupación
porque benefician sistemáticamente a ciertos grupos, generalmente
definidos por su clase social, y no a otros, generando una brecha,
que es cada vez más amplia, entre los que sí pueden
y tienen acceso, y los que no.
Tener tiempo es un criterio de acceso: probablemente en el plantel
docente de la Argentina esto sea uno de los problemas mayores.
No todos los educadores disponen de la misma cantidad de tiempo,
o del buen criterio para aprovecharlo de la mejor manera posible.
En las escuelas estas cuestiones no resultan equitativas.
Disponer del tiempo necesario para avanzar a través del
material irrelevante de la Internet, por ejemplo, y encontrar
y seleccionar la información útil, resulta muchas
veces una tarea casi imposible de llevar a cabo.
Este tema está relacionado con otros aspectos del trabajo,
como la naturaleza del mismo, el lugar donde se realiza y la flexibilidad
de los horarios de las distintas personas. Alguien que trabaja
en una institución que cuenta con varias computadoras conectadas
a Internet y dispone de tiempo para poder utilizarlas, percibirá
el acceso de manera diferente que aquellos que trabajan en una
institución rural, o quienes además de trabajar,
deben ocuparse de la crianza de los hijos y del manejo de la casa,
que tienen horarios diferentes, contando con menos tiempo para
adquirir habilidades aún cuando tengan una computadora
con módem a mano.
Este análisis deja en claro que la cuestión del
acceso a la tecnología, no está relacionada sólo
con la misma, sino con el compromiso de la sociedad para considerar
otros cambios trascendentes destinados a lograr una mayor equidad.
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